Elegir ser papás es enfrentarse a nuevos desafíos y vivir una experiencia rodeada de cariño, retos y responsabilidades. La presión de tener un cambio tan brusco en todos los aspectos de la vida puede generar ciertos temores, por lo que prevenir y prepararse para la paternidad y maternidad puede ser el primer paso para enfrentar esos miedos.
Los niños requieren compañía y guía constante durante su vida, y es aún más necesario durante su proceso de crecimiento, ya que es uno de los momentos más importantes.
Cuando un niño o niña está en crecimiento, se debe hacer seguimiento de su estado nutricional. Actualmente, las estadísticas de crecimiento mundial han demostrado que 4.7 millones de niños en América Latina tienen baja talla para su edad. Es necesario priorizar el acompañamiento en el proceso de crecimiento y nutrición de los niños y niñas. Algunas de las consecuencias de no abordar este tema a tiempo desde la primera infancia serán irreversibles y podrán afectarlos no solamente en su niñez, sino en su adolescencia e, incluso, la nutrición inadecuada también puede aumentar la posibilidad de presentar enfermedades crónicas en la adultez.
La paternidad y maternidad deberán ser un acompañamiento constante desde que los niños son pequeños para que tengan un futuro más prometedor y saludable.
Por esta razón, es relevante saber por qué son importantes los suplementos nutricionales, cuáles son los suplementos nutricionales y si se deben incluir en la alimentación de los niños.
Primero, se deben reconocer algunas situaciones cotidianas que determinarán si es necesario incluir suplementos nutricionales. Puede que los niños no reciban suficientes alimentos saludables y nutritivos, ya sea por falta de información, por acceso económico limitado a la comida saludable o por preferencias culturales de sus familias.
La nutrición inadecuada también puede deberse a las distintas personalidades de cada uno de los niños y niñas, que pueden presentar conductas de rechazo que limitan la cantidad de comida que consumen o simplemente no les gustan algunos alimentos en sus comidas, ya sea por el sabor, color o la textura de los mismos. Esto puede generar un deterioro nutricional, por lo que en estos casos es importante consultar con un profesional médico o nutriólogo para que sean asesorados de manera correcta.
Sin embargo, existen otros factores que demuestran comportamientos irregulares en la preferencia de la comida:
• Selectividad alimenticia: Algunos niños son conocidos como "mañosos para comer". Son aquellos que rechazan total o parcialmente algunos alimentos, ya sea por su olor, sabor, textura, apariencia o consistencia; lo que puede llevarlos a tener bajo peso. Estas deficiencias nutricionales, además de aumentar el riesgo de tener problemas de crecimiento, también aumentan la vulnerabilidad a patógenos infecciosos o enfermedades.
• Situaciones sociales: El momento de comer es uno de los más importantes; sin embargo, hacer que un niño se alimente conscientemente es todo un desafío. Los papás y cuidadores deben evitar recurrir a estrategias como el uso de dispositivos electrónicos mientras comen, castigarlos u obligarlos a comer. Lo que sí se debe hacer es darles la comida a los niños en un espacio cómodo para ellos, crear una rutina de alimentación adecuada en la que se usen cubiertos que puedan manipular y en momentos en que no tengan distracciones.
• Fobia a la comida: Esta situación se presenta cuando se ha dado un trauma relacionado con el sistema digestivo, por ejemplo, el niño se ha atragantado previamente o ha tenido molestias que le provocaron vómito (por esto es por lo que no se recomienda alimentarlos a la fuerza).
• Llanto durante la alimentación: Este caso se da con mayor frecuencia en los primeros meses de vida del niño o niña, lo que hace que se piense que, si llora, es porque tiene hambre, cuando pueden existir muchas causas que no están relacionadas directamente con la alimentación.
• Niño inquieto con poco apetito: Son aquellos que se niegan a comer porque se distraen fácilmente con situaciones externas, como jugar con otras personas o con aparatos tecnológicos. Por lo que, cuando es la hora de alimentarse, lo hacen rápidamente o se sienten llenos con solo probar unos pocos bocados. Esto puede llevar a un deterioro nutricional y a una deficiencia de macro y micronutrientes, haciendo que en la mayoría de los casos sean necesarios los suplementos nutricionales.
• Sensación de abandono: Algunos niños tienen problemas de vinculación con su familia o papás, esto se puede reflejar en sus emociones a través de la falta de interés por la comida. Es por ello por lo que es importante que se elijan personas o cuidadores capacitados para acompañar a los niños en el momento de alimentarse.
• Enfermedades: Otra posible situación es que el niño tenga una enfermedad que haga que disminuya su apetito, por ejemplo, si tiene alguna enfermedad gastrointestinal o neurológica, puede requerir de un examen clínico más detallado y de apoyo profesional.
Se sugiere siempre, que lo anterior sea consultado con un profesional médico o nutriólogo para obtener la recomendación correcta en cuanto a tratamiento y suplementación.
Los alimentos se deben dar en un ambiente tranquilo y seguro. Se puede ofrecer a los niños distintas preparaciones con variedad de ingredientes, para evitar que se genere algún tipo de miedo o fobia a la comida y crear opciones de acuerdo con sus gustos y preferencias.
Además de solicitar el apoyo profesional de un médico o nutriólogo, se deberá establecer una rutina de alimentación en la que se eviten distracciones y castigos o premios por comer. Se puede iniciar presentando pequeñas cantidades de los alimentos al niño o niña y brindarle las herramientas adecuadas, como cubiertos pequeños que sean fáciles de manipular.
Como estrategia, también se puede incluir al niño en el momento de preparar las comidas, para que se sienta más relacionado con los alimentos. Es recomendable fomentar su autonomía, dándole un espacio para comer adecuadamente.
Como mencionamos, la textura de los alimentos también puede ser decisiva, por lo que se sugiere probar con alimentos licuados, duros o blandos, para determinar cuál será la textura preferida por los niños.
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