La fiebre en niños puede ser un momento lleno de preocupación para los padres, ya que se debe buscar la forma adecuada de bajar la temperatura corporal de los pequeños. Sabemos que la fiebre puede ser muy alarmante, sobre todo cuando se presenta en un niño, pero es importante tener en cuenta que la fiebre también es una respuesta del cuerpo humano para combatir las infecciones. Por eso, a continuación, te compartimos algunas causas de la fiebre en niños, para saber cómo actuar en casa cuando se presente, cómo medirla y en qué momento se debe recurrir al médico o pediatra.
En primer lugar, debemos saber diferenciar cuándo el niño puede presentar un episodio de febrícula o fiebre.
La febrícula es un aumento leve y persistente de la temperatura corporal, oscilando entre los 37.2°C y los 38°C. La fiebre se presenta cuando el aumento de la temperatura corporal es más marcado y sobrepasa los 38°C. En los recién nacidos, la temperatura normal se puede ubicar entre los 36.5°C y los 37.5°C. Si supera estos valores, los niños comenzarán a presentar signos de fiebre, que puede ser causada por:
La fiebre es un síntoma de infecciones o enfermedades, por lo que si el niño presenta una temperatura mayor a 38°C y está acompañado de episodios prolongados de llanto, es fundamental acudir al médico o pediatra para realizar los estudios necesarios, obtener un diagnóstico correcto y conocer la causa de la fiebre.
En sus primeras semanas y meses, los niños son muy frágiles y propensos a estar expuestos a distintas infecciones, como virus o bacterias, siendo estas las causas más frecuentes de la fiebre en niños. Estas infecciones pueden presentarse en forma de gripe, infecciones gastrointestinales, infecciones urinarias o infecciones en los oídos.
El proceso de vacunación también puede generar un leve incremento en la temperatura de los niños. Esto es normal, ya que es la respuesta del sistema inmunológico del niño a la vacuna que acaba de recibir.
Otros factores, como estar expuesto a temperaturas demasiado altas o vestir al niño con demasiada ropa, pueden influir en la temperatura corporal, haciéndola aumentar levemente.
Es importante que los cuidadores estén siempre atentos a todos los síntomas que presenten los menores. Si se detecta algún signo de alarma que acompañe la fiebre, como enrojecimiento, dolor o sarpullido, hay que acudir directamente al médico o pediatra para que el niño sea tratado por un profesional.
De acuerdo con la Academia Americana de Pediatría, medir la temperatura corporal en los niños es muy importante, ya que no solo ayudará a llevar un registro de las temperaturas del niño, sino que también permitirá tomar mejores decisiones sobre el cuidado y el procedimiento necesario para tratar la fiebre.
Según la Academia Americana de Pediatría, se recomienda usar termómetros digitales y evitar el uso de termómetros de mercurio, que son los dispositivos de vidrio delgado llenos de metal plateado que pueden romperse y liberar niveles tóxicos de gases de mercurio. Por eso, si tiene un termómetro de mercurio, es mejor no usarlo y optar por los termómetros digitales, que funcionan más rápido y son fáciles de utilizar.
Es importante tener en cuenta que se puede tomar la temperatura de diferentes maneras:
• Temperatura rectal: Tomar una temperatura rectal puede brindar una mejor lectura, especialmente cuando el niño es menor de 3 meses.
• Temperatura en la frente: Con un termómetro para la arteria temporal, podrá tomarse la temperatura en niños de cualquier edad.
• Temperatura en el oído: Se podrá tomar la temperatura con un termómetro timpánico a partir de los 6 meses de edad y bajo supervisión médica.
• Temperatura en la axila: Aunque es el método más utilizado, en muchas ocasiones no es muy exacto, pero se puede usar para medir la fiebre en niños de cualquier edad.
Algunas recomendaciones importantes son:
• Los termómetros reutilizables deben limpiarse adecuadamente entre cada uso. Es fundamental diferenciar los termómetros que se usarán para la medición de temperatura rectal y oral.
• La medición de la temperatura corporal puede ser inexacta si el niño lleva mucha ropa o está envuelto en una cobija. En ese caso, hay que quitarle la ropa hasta que su cuerpo se enfríe y así medir su temperatura correctamente.
• Si el niño acaba de bañarse, no se debe medir la temperatura inmediatamente; es mejor esperar un rato.
• Para medir la temperatura en la axila, esta debe estar completamente seca.
• Una temperatura mayor a 37.5°C requiere atención y supervisión por parte de los cuidadores, para que el niño esté estable y la temperatura no aumente. Si la temperatura supera los 38°C, hay que llevar al niño al médico o pediatra para que sea examinado.
Se debe tener en cuenta que ante cualquier episodio de fiebre, hay que consultar al médico o pediatra y no se debe dar ningún medicamento al niño sin prescripción médica.
Si el profesional de salud prescribe medicamentos al niño, se deberá cumplir con el uso de estos en los lapsos de tiempo establecidos, ya sea por el fabricante del medicamento o por el médico, y acompañarlo con estas estrategias para que el niño esté más cómodo:
• Ayudar a regular la temperatura del niño eligiendo ropa liviana y evitando que esté muy abrigado. Esto ayudará a que el niño pueda regular mejor su temperatura y evitar que esta aumente.
• Bañar al niño con agua tibia también ayudará a bajar su temperatura gradualmente. No se debe usar agua fría porque esto podría causar escalofríos, empeorar la fiebre y aumentar el estrés del niño.
• Mantener hidratado al niño es muy importante durante los periodos de fiebre. Durante los primeros meses de vida, el niño debe tener lactancia materna exclusiva, ya que la leche materna no solo fortalece su sistema inmunológico para combatir la fiebre, sino que también contribuye al buen desarrollo de su organismo.
Se deberá buscar atención inmediata de profesionales de la salud si el niño:
• Tiene fiebre persistente por más de 48 horas y no responde a los cuidados en casa.
• Tiene menos de tres meses y presenta fiebre superior a los 38°C.
• Presenta episodios de fiebre acompañados de llantos prolongados, dificultad para dormir, enrojecimiento en alguna zona del cuerpo, dificultad para respirar o signos de deshidratación.
• Tiene vómitos, irritabilidad o somnolencia.
Con el conocimiento adecuado y comprendiendo las causas de la fiebre, es posible tratarla en casa, pero siempre es importante estar alerta ante cualquier signo que presente el niño para buscar ayuda médica lo más pronto posible. Recuerda que cada padre, madre o cuidador hace lo mejor posible para cuidar a su niño, pero siempre se puede mejorar siguiendo consejos y estando atentos a los signos que demuestre el niño durante un episodio de fiebre.
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